|

| |
ESCRITOS IMPORTANTES
INSTITUTO 127: AÑO ACADÉMICO Nº 44.
PALABRAS DE APERTURA = CLASE INAUGURAL
-
Ustedes – como alumnos - han decidido ser
docentes. Y un docente es sobre todo un educador, alguien que
toma bajo su cuidado a quienes tiene a su cargo: no los elige,
no los selecciona, no los discrimina o los clasifica, sino que
simplemente los toma a todos como un compromiso personal. Todos
los días, todo el tiempo, con sus buenos y sus malos momentos,
sus ganas y sus desganas, sus buenas actitudes y sus reacciones
agresivas o irreverentes.
-
Por eso para ser educador es necesario sumarle a
la profesión, la vocación: porque no se trata de una función
administrativa, burocrática, rutinaria, sino una función
absolutamente humana. Y hay diferencias entre ir a un trabajo y
comprometerse con una misión.
-
La PROFESIÓN nos da los instrumentos para armar
nuestro ejercicio docente, para aprender y saber a enseñar
(conocimientos), manejar la metodología, disponer de los saberes
propios de cada profesorado, conocer y reconocer a los sujetos
que atendemos y de los que nos ocupamos, insertarnos de manera
habilitada y responsable en el sistema educativo. La
certificación de la profesión la otorga el título que remite a
una serie de saberes y competencias subjetivas que operan desde
el interior de cada uno.
-
Pero la VOCACIÓN es la actitud docente, la pre-disposición
como conjunto de rasgos específicos que se esperan de quienes se
dedican a la tarea de educar y de enseñar. La vocación aporta
todos los aspectos valorativos y actitudinales.
-
El primer imperativo que se deben imponer los
educadores – con la edad que tengan, sean próximos o lejanos
generacionalmente con sus alumnos – es pegar el salto y asumir
la función de educadores como adultos. El adulto no añora la
inconciencia de la adolescencia perdida, los sueños de la
juventud. No vive, ni piensa como lo que fue o lo que gustaría
haber sino. Habla y piensa como adulto: construye sus discursos,
arma su vida, asume su trabajo y sus responsabilidades desde su
rol de adulto educador. Cualquier confusión en este sentido pone
en riesgo tanto al educador como a los educandos. Si en lugar de
profesor los alumnos descubren y valoran a un simple amigo, esos
mismos adolescentes se quedarán huérfanos del educador,
padecerán la ausencia de quien debe incentivarlos y guiarlos
para el crecimiento, la marcha hacia el futuro que los demanda.
-
Todo esto no se adquiere mágicamente cuando uno
llega al final de la carrera, y se encuentra con las prácticas
profesionales, o cuando comienza a trabajar dando clase o me
hace cargo de un curso para dar alguna de las materias. Tiene un
proceso de construcción progresiva.
-
Por eso es necesario hablar del descubrimiento y
el desarrollo de APTITUDES y de ACTITUDES. Las APTITUDES tienen
que ver con la seriedad con que adquieren los conocimientos y
procedimientos que los diseños curriculares establecen para la
formación docente. Uno decide cómo y en cuanto tiempo hacer la
carrera, el profesorado: el tiempo lo pueden determinar a veces
las circunstancias… pero el cómo es decisión personal: seriedad
o improvisación, estudio o simulacro, todos los temas o algunos,
todas las lecturas o resúmenes ajenos, con inquietudes
ilimitadas o cumpliendo con lo estrictamente necesario, con
pensamiento propio, crítico y creativo o solamente espectadores
de lo que nos rodea, creando o repitiendo.
-
Lo actitudinal se relaciona con lo ético, con las
formas de obrar y de relacionarnos, con los valores: no forman
parte de un programa, de un examen, de apuntes o fotocopias,
pero son imprescindibles para el ejercicio de la tarea. Y lo
actitudinal surge ya en el proceso de formación, porque como
docente uno cosecha lo que ha sembrado en este tiempo. Hablamos
de responsabilidad, honestidad intelectual, cumplimiento de
obligaciones, la seriedad, fidelidad a la palabra empeñada,
capacidad de relación, normas de buena convivencia: el saludo,
la palabra, el tono adecuado, el agradecimiento, el permiso, el
respeto, el sentido de la ubicación. Las actitudes son también
las virtudes humanas, ciudadanas, los compromisos
institucionales y sociales, el saber ocuparse y preocuparse por
la tarea de estudiante (y, luego, por la función como docente),
el sano sentido de humor, el trabajo, la entrega.
-
No se trata de poner una materia mas (ética o
deontología profesional) sino de llegar al convencimiento – como
estudiantes que se preparan para ser docentes – de que todo esto
es imprescindible para ejercer con creciente adultez la función
docente, porque sin ellas es imposible ejercerlo. Y el deterioro
en lo profesional (no sabe, no sabe enseñar, no maneja el grupo)
o en lo vocacional (no tiene ganas, no pone entusiasmo, no nos
contagia con sus convicciones), en las aptitudes o en lo
actitudinal produce dos efectos fáciles y constatables: (1) los
alumnos no reciben la educación que merecen recibir (mas allá de
las respuestas que como alumnos nos den); (2) la figura de los
docentes se des-dibuja, se bastardea y termina siendo ignorada y
criticada por la sociedad. Ambas cosas nos pesan como instituto
formador.
-
Las aptitudes no figuran en el título que se
entrega: no es una nota, sino una disposición que opera
necesariamente desde el interior. Uno puede pasar todos los
controles y todas las entrevistas, sin que esta dimensión
aparezca… pero en el ejercicio de la docencia, finalmente se
muestra.
-
Por eso, nos proponemos trabajar en esta
dirección, todos, con diversos grados de compromisos y
responsabilidad: los estudiantes (porque son los que asumen –
especialmente en el nivel superior – el protagonismo en la
propia educación) y cada uno de los colegas desde lo que hacen:
ESPACIO DE PRACTICA, MATERIAS INTEGRADORAS, ESPACIOS DE
FUNDAMENTACIONES, CÁTEDRAS DISCIPLINARES… porque también los
docentes formadores, los directivos, los administrativos, los
auxiliares debemos tener APTITUDES y ACTITUDES. Las primeras
para desempeñar cargos y funciones… y las segundas para que
nuestro esfuerzo sea efectivo… y eduquemos mas por lo que somos
que por lo que decimos.
-
Nada nuevo afirmar que los estudiantes de las
carreras docentes pertenecen a una generación muy distinta de la
generación que actualmente ejerce de la docencia (salvadas
contadas excepciones). De hecho es un tema que abunda en la
agenda de la formación. Pero lo que es necesario remarcar hoy,
es que se vuelvan miembros activos de la generación a la que
pertenecen para lograr que el bache o el abismo que nos separa
de los alumnos que están en las escuelas puedan acortarse. Es
necesario insistir en el tema de las nuevas tecnologías. No se
trata de un conocimiento superficial e instrumental de las
tecnologías, sino de un conocimiento inteligente y estratégico
de las mismas. El instituto formado puede haberse equipado con
nuevas tecnologías, pero los que deben equiparse son sus
docentes y sus alumnos. Son particularmente los alumnos los que
deben abastecerse subjetivamente en el uso de esos medios: no se
puede ser docente en el siglo XXI (estamos ya en el 2009) sin
ser un nativo inteligente y creativo en el uso de las
tecnologías con capacidad para relacionarse con alumnos que
también lo son o que necesita serlo para no quedarse fuera del
mundo. Los saberes de nuestro tiempo deben estar mediados por
las nuevas tecnologías y ustedes deben beber por una parte los
conocimientos sistemáticos, y por otra parte los recursos
tecnológicos de mediación.
-
En este sentido: el uso las salas de computación
y multimedia, de las computadoras, de Internet, de la filmadora,
de los televisores y diversos medios de reproducción de imagen y
sonido, de los muebles multimedias, uso de diversos tipos de
proyectores… deben ser habituales en quienes enseñan (los
profesores) y en quienes aprenden (alumnos). No podemos seguir
enseñando y aprendiendo, preparando trabajos o exposiciones como
se hacían en la década del 70 o del 80, sino que deben ser a
tono con las posibilidades del tiempo en que vivimos. La
presencia de encargados en cada uno de los lugares facilitará
mucho la tarea.
-
Necesitamos mayor participación de los
estudiantes en todo sentido: saber ejercer los derechos como
alumnos a partir de la responsabilidad en el cumplimiento de los
deberes; suscribir el contrato didáctico (planificación del
trabajo anual) que es un acuerdo entre partes; la participación
en los organismos previstos por el sistema. Encontrar medios
para efectuar demandas justas, preventivas, a tiempo para
atender problemas que los alumnos padecen y exigen intervención
de los coordinadores de carrera o de los directivos; poner en
marcha otras alternativas formativas mas allá de las materias
del plan de estudio, las aulas y los horarios establecidos, como
forma de ampliar el capital cultural que todo docente debe
tener.
-
Se trata, en suma, de salir del banco, del
horario, del aula, de los amigos y compañeros de siempre, de la
rutina y encontrar otros lugares, otros interlocutores, otros
espacios, otras actividades… que surjan también de los mismos
alumnos y que sean tan importantes como las establecidas por el
reglamento. Esos “otros lugares” son los que nos permiten
descubrir otros valores, cualidades, saberes de los alumnos:
además de prepararse para ser profesores, los alumnos cantan,
practica deportes, hacen arte, escriben, son poetas, manejan
tecnologías, trabajan en diversos lugares, tienen experiencias
de vida, han estudiado otras cosas, tienen mucho que decirnos…
Jorge Eduardo Noro
Director
23 marzo 2009 |