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Inmigración y Moviminetos Obreros en América Latina (1850-1930)

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ESPACIO 127 Nº 7

 

INMIGRACIÓN Y MOVIMIENTOS OBREROS EN AMÉRICA LATINA
(1850 – 1930)

Ceol, Natalia; Madoz, Nidia; Dotti, Juan; Labrador, Ignacio; Giandinotto, Rodrigo; Chorszeski, Marisa y Schneider, Alejandra (trabajo realizado cuando eran alumnos del 3º año del Profesorado de Historia, año 2000)

 

La siguiente investigación surgió de las inquietudes originadas a partir del análisis de las problemáticas de los inmigrantes y su relación con los movimientos obreros en el período comprendido entre 1850 y 1930.

A esta problemática de origen se fueron incorporando diversos aspectos tales como: ideología y origen de los inmigrantes, condición social de los mismos; sistemas de producción; recursos económicos y su distribución espacial;  intervenciones extrajeras y factores de poder entre otros.

Teniendo en cuenta estas categorías de análisis se formuló la siguiente hipótesis: los focos de desarrollo de los movimientos obreros latinoamericanos, en la última parte de los siglos XIX y primera del XX, se vieron determinados por la distribución espacial de las comunidades de inmigrantes europeos, el marco ideológico de las mismos y las actividades productivas vinculadas al modelo centro - periferia.

La producción será abordada a partir de un análisis particular de los siguientes países: Argentina, Chile, Brasil, México, Perú y, en general, América Central; argumentando en cada caso la hipótesis actualmente mencionada. Para profundizar los datos investigados y lograr que el lector pueda visualizar las relaciones entre los mismos  se utilizaran como soportes del texto cuadros estadísticos y cartografía especifica confeccionada para tal fin.

 

México

A pesar de que la situación en América Latina encuentra muchos puntos equidistantes que se tradujeron en un amplio espectro de semejanzas, es preciso también citar algunas cuestiones que en México se demostraron particulares, situación esta que conlleva a determinar que México fue una realidad no idéntica a las demás realidades de países latinoamericanos. Por tal motivo es preciso citar aquellos puntos en común que lo unen a una realidad global latinoamericana, como también aquellos aspectos que lo hacen digno de un análisis individual no perdiendo el marco de la diversidad y la multiperspectividad.

En primer lugar es preciso decir que en México no existió en el período que nos interesa una inmigración aluvional como pudo producirse en otros países latinoamericanos, puesto que las condiciones no estaban dadas para que ello sucediera y se materializaban factores que impedían el incentivo del progreso económico que movían a las masas de extranjeros en busca de mejores posibilidades. México vivió una situación convulsionada que se repetía casi cotidianamente a través de sectores que pugnaban por la obtención del poder, lo que no permitió que el país se demostrara con una seguridad política y jurídica que pudiera alentar la llegada de extranjeros. En segundo lugar, no escaseaba la mano de obra  e incluso se apelaba a una variada metodología que lograba un poder coercitivo sobre los trabajadores y por el cual se los compelía al trabajo.

Es cierto que hubo intentos por atraer inmigrantes y en muchos de ellos existió una voluntad del Estado para que esto fuera posible, como lo es por ejemplo el intento que realiza Porfirio Díaz que pretendía asegurar la frontera norte con inmigrantes que lograran frenar el avance norteamericano sobre tierras mexicanas. Pero las colonias de inmigrantes italianos fundadas en 1881 resultaron ser un fracaso y se terminó empleando mano de obra mexicana  para la producción agrícola.

Las tierras de la frontera se encontraban en manos de un puñado de individuos y compañías, del país o extranjeras, que habían obtenido los títulos correspondientes gracias a diversas influencias en el gobierno. Esto les permitía desbaratar los intentos independientes de colonización en pequeña escala que hubiesen sido los cimientos de una vida familiar estable y productiva, que permitiera desarrollar la agricultura. En su lugar la población que llegó a las fronteras, fue en su mayoría masculina y muy móvil lo que no permitía la producción permanente.

De esta manera, a pesar de que la población iba en aumento, el censo de 1919 sólo registraba 116.527 extranjeros residentes en el país (pescadores chinos de Sonora, portorriqueños que participaban en la producción de henequén y jamaiquinos que trabajaban en el tendido de ferrocarriles). Por su parte, los españoles y otros europeos preferían asentarse en las ciudades y conseguir empleos en el comercio y en los servicios, lo que se traducía en salarios considerables si se los compara a los que raramente existía en el territorio mexicano.

En cuanto a la migración interna, puede decirse que la misma fue frecuente en México ya que se fueron “ganando” tierras a los indios en el norte por parte del Estado, y a estas regiones fueron llegando los excedentes poblacionales de otras zonas del país.

México, al igual que la mayoría de los países latinoamericanos, participaba en el orden internacional como exportador de productos básicos e importador de productos manufacturados y, hasta bien entrado el siglo XX el desarrollo industrial fue prácticamente escaso por lo cual la industria en sí no tuvo un papel preponderante en las economías regionales, sino más bien un lugar secundario. A este esquema productivo se sumaba el problema de una sociedad segmentada. Así los empleados del sector de exportación vivían aislados de otros trabajadores, aunque su ventaja para negociar era relativamente mayor.

Anexado a este papel de simple proveedor que jugaba México a escala internacional se sumaba el desinterés del Estado por fomentar planes de industrialización, dado que no interesaba un proceso de inversión que fuera más allá del cumplimiento de las normas exigidas por las potencias extranjeras. Este proceso de estancamiento industrial y el lento avance de la mecanización, permitió que numerosos oficios sobrevivieran durante mucho tiempo; en México unos 41.000 tejedores usaban telares manuales en 1895, aunque el desarrollo de la industria textil hizo que en 1910 ya sólo quedaran 12.000.

El sector de los trabajadores manuales o artesanos formaban una categoría importante en México, donde el censo de 1910 arroja una cifra de 873.436 artesanos y trabajadores, que representaban casi el 16% de la población económicamente activa. Pero muchos de  estos puestos ocupaban un lugar poco decisivo para la economía, lo cual limitaba el poder político y económico de los trabajadores. No obstante, a pesar de las dispersiones y  de las heterogéneas condiciones de trabajo lograron conformar organizaciones bastantes combativas, y tuvieron un importante papel en la mayoría de los movimientos obreros.

En cuanto al proletariado industrial, hay que tener en cuenta que el mismo comenzaba a aparecer en forma considerable en el siglo XX y no ocuparon un lugar central en la economía sino hasta 1930 aproximadamente. Así en el censo de 1910, sobre una población de 15,1 millones de personas, sólo mas de 58 mil clasificaban como obreros industriales, comparados con los 45 mil de 1895. Muchas de las mayores y más modernas fábricas de México eran plantas textiles que estaban en las poblaciones fabriles de Puebla y Veracruz.

Durante el período que nos interesa analizar, la intervención del Estado y por ende de las fuerzas de seguridad, en las cuestiones laborales fue muy nutrida, aunque siempre defendiendo los intereses de los industriales, que en México, se caracterizaban por ser nada conciliadores. Así el Ejército y también las fuerzas privadas de represión fueron herramientas utilizadas con frecuencia para lograr imponer las decisiones de los poderosos. Aunque no hay que dejar de citar a otras “herramientas” de contención y de dominio que se empleaban sobre los trabajadores (sobre todo del interior de México)  como lo eran los endeudamientos por bonos de comida, o el peligro de perder las precarias viviendas que les eran entregadas a los mineros por parte de sus empleadores. De esta manera los trabajadores “quedaban atados a sus trabajos” y se fomentaba una especie de esclavitud con la anuencia del gobierno de turno.

En el período anterior a la primera guerra mundial el gobierno también probó otros medios además de la represión directa para controlar a la clase trabajadora. Díaz, en México,  procuró crear o fomentar organizaciones sindicales dóciles que pudieran serle útiles para mantener el dominio sobre los trabajadores.

Pero puede decirse que el caldo de cultivo del fomento de las organizaciones de protesta, no fueron por completo estimuladas por las malas condiciones de vida, o por el poder despótico del gobierno, sino por una situación particular que tuvo bastante peso, como lo fue la cuestión de los trabajadores extranjeros. El efecto del nacionalismo fue muy diferente en México que en otros países. Aquí un número relativamente pequeño de trabajadores extranjeros, llegados sobre todo desde los Estados Unidos, monopolizaba la mayoría de los puestos mejor pagados en los ferrocarriles y en muchas de las mayores empresas mineras. Asimismo los capataces y otros supervisores de las modernas fábricas textiles eran con frecuencia extranjeros y gozaban de salarios muy altos, a juicio de la mayoría de trabajadores mexicanos, así como de otros privilegios. El régimen de Díaz, que estaba muy comprometido con intereses extranjeros, proporcionó sin querer a algunos de sus adversarios un arma poderosa: los resentimientos nacionalistas. Así pues, el disgusto que despertaba la posición relativamente privilegiada de los trabajadores y supervisores extranjeros sirvió en gran medida para unificar en gran parte a la clase trabajadora, basándose en el nacionalismo contra lo que parecía un enemigo común: “el inmigrante bien pago”.

Los primeros intentos colectivos de defensa por parte de los trabajadores artesanos consistieron en la conformación de mutualidades, que aparecen a mediados del siglo XIX, pero en México la división entre los numerosos pequeños propietarios-productores, por un lado, y los trabajadores-asalariados, por el otro, continuaron siendo bastante imprecisas como para permitir una organización común de trabajadores.

Pero no puede negarse el peso de anarquistas ideólogos como Plotino Rhodakanatu (griego de nacimiento) que ejercieron una gran influencia en los movimientos que comenzaron a organizarse.

El llamado Gran Círculo de los Obreros comenzó a funcionar en 1870 a modo de coordinadora nacional de las diversas organizaciones que existían, que en su mayor parte eran mutualidades. En 1875 ya tenía veintiocho filiales en la capital y varios estados, y en 1876 consiguió celebrar un Congreso Nacional de Trabajadores. El gran Círculo también utilizó la prensa como herramienta ideológica y publicaba por aquel tiempo un periódico llamado “EL Socialista”. Esta organización en principio fue dominada por anarquistas, pero luego comenzó a recibir subvenciones del gobierno y pronto las disidencias aparecieron para terminar anulando la función inicial del movimiento. Así en 1888 el movimiento se desintegró pues no se lograron conciliar los intereses contradictorios que habían surgido en su seno.

También es innegable la acción de los denominados anarcosindicalistas que propiciaban una metodología directa de acción y pretendían a través de la huelga general hacer caer el gobierno, pero es importante tener en cuenta que los anarcosindicalistas tuvieron preferencia por los trabajadores industriales y no los artesanales.

Es necesario destacar el nacimiento, durante la presidencia de Porfirio Díaz, del Partido Liberal Mexicano (P.L.M.), influenciado por ideas anarquistas pero que no fueron demostradas sino hasta después de 1910.

En 1921 una gran cantidad de anarcosindicalistas, comunistas y otros formaron la Confederación General del Trabajo (C.G.T.), que adoptó una postura anarcosindicalista y estuvo propensa a la acción directa. La C.G.T. se enfrentó en demostraciones de poder durante las huelgas textiles, a la Confederación Regional Obrera Mexicana (C.R.O.M.) que mantuvo cordiales vínculos con empresas americanas y parecía estar a favor del desarrollo capitalista.  El C.R.O.M. fue la primera confederación sindical que tuvo peso en México y nació de un congreso realizado en Saltillo en 1918 bajo los auspicios del gobernador de Coahuila. El C.R.O.M. se transformó pronto en un brazo del estado para mantener el orden y control

También es posible observar la incidencia de la situación internacional en las cuestiones gremiales mexicana, y de toda América Latina, al observar como la revolución rusa sirvió para inspirar a los militantes de todo el continente, y durante los años ‘20 los comunistas lograron crear gremios en lugares donde antes no se había logrado tal fin, como por ejemplo entre los campesinos de algunos focos de México.

El primer partido comunista había aparecido en México en 1919, del seno de un pequeño grupo socialista. El partido llevó una existencia precaria durante sus primeros años, pero pudo sobrevivir a pesar de las persecuciones sucesivas y mortales.

Pero la influencia ideológica no llegaba sólo desde Oriente sino también de algunos dirigentes que se encontraban exiliados en E.E.U.U., y que desde allí se nutrían con las ideologías socialistas y comunistas que se practicaban  en ese país, aunque con una realidad totalmente diferente.

El accionar ideológico existente tuvo bases comunistas y socialistas, pero teniendo en cuenta que la inmigración no fue considerable si se la compara con la de otros países latinoamericanos, puede decirse que la base de la actividad gremial se encontraba en disputas provenientes desde la base de conformación de la realidad mexicana,  la ideología importada  sirvió como factor aglutinante que permitió dar forma a una realidad nativa y de reclamo permanente.

 

Brasil

Durante la segunda mitad del siglo XIX hubo importantes cambios demográficos en Brasil, los cuales estuvieron estrechamente vinculados a lo que podríamos denominar el ciclo cafetalero. El café fue el último de los productos regionales exportables de una sucesión de ciclos productivos, que entre los siglos XVI y XVII se concentró en la producción de azúcar, y en una economía minera durante el siglo XVIII basada en la exportación de oro y diamantes.

La producción cafetera amplio la frontera agrícola y condujo a que los capitales se concentraran en muy pocas manos. Tanto latifundistas como comerciantes vinculados a las exportaciones - importaciones fueron quienes cerraron el circulo de poder. Pero esta forma de crecimiento económico no solo dividió a las clases sociales sino también el espacio geográfico puesto que benefició directa e indirectamente a los centros urbanos y a las áreas rurales relacionadas con los sectores de importación - exportación. Esto produjo importantes desequilibrios entre el poder económico y el poder político.

“Los (grandes) estados de Minas Gerais y San Pablo, que reunían los dos juntos un tercio de la población brasileña –32% en 1890, 33% en 1900 y 34% en 1920- atraían hacia su área de influencia a un Estado mediano (como Pernambuco, Río de Janeiro o Bahía) a quien daban la vicepresidencia y a algunos Estados pequeños que recibían otras compensaciones, resolviendo así el problema de la sucesión (presidencial). Esta es la razón por la cual, durante el período de 1894 a 1930, hubo una serie de presidentes electos sin competencia (oposición) o con una competencia insignificante, que de este modo obtenían una votación superior al 80% del electorado. (...) el sistema de voto restringido a una pequeña área de población, los fraudes generalizados en la votación y en el cómputo y el reconocimiento de los electos por el Congreso, sujeto éste a la influencia del Poder Ejecutivo, consagraban el sistema, fortaleciendo el dominio de los hacendados del café de San Pablo y de los ganaderos de Minas Gerais”.(1)

Esta política de alianza entre los estados de San Pablo y Minas Gerais recibió el nombre de “Política del café con leche”.

Cuadro 1

Exportaciones de café

Año

Cantidad de sacos de 60 Kg.

1825

3.178.000

1835

10.430.000

1845

18.367.000

1855

27.339.000

1865

29.103.000

1875

32.509.000

1885

51.631.000

Fuente: PRADO JUNIOR, C. Historia económica de Brasil.

En Brasil el café avanza constantemente sobre tierras nuevas, cuya fertilidad se ve ampliamente disminuida; la zona cafetera es una franja dinámica, en movimiento, que deja a su paso zonas desbastadas. Este es el precio de una economía agrícola que posee más tierras disponibles que mano de obra y capitales. En ese esfuerzo por explotar esas inmensas tierras, los latifundistas deben recurrir al trabajo semiasalariado de inmigrantes (en su mayoría italianos) que, pese a su gran afluencia (casi dos millones llegan en 1914), resultan escasos para modos de cultivos que no sigan siendo extensivos.

Por otra parte este modelo de producción requirió de numerosa mano de obra y se sirvió de aquella que había quedado disponible de las actividades económicas preexistentes. Numerosos esclavos provenientes de las antiguas plantaciones azucareras y de los centros mineros se concentraron ahora en los latifundios cafetaleros.

Al terminar en 1850-1851 la trata de esclavos transatlántica esta necesidad de mano de obra en las regiones productoras de café requirió una movilización interna de esclavos entre las diferentes provincias. Hubo, entonces, una redistribución de la población esclava que determino la concentración de la misma en el centro-sur de Brasil. El problema de la esclavitud fue para el régimen imperial el más pesado de los legados de la antigua prosperidad. La libertad de los hijos de esclavos decretada en 1871 no hizo mas que acelerar la desaparición de una institución ya en ruinas. Los esclavos eran dos millones y medio en 1850, un millón en 1874 y setecientos mil en 1887. Finalmente, la emancipación llegó en 1888, sin indemnizar a los propietarios de esclavos que pronto se sintieron traicionados por la monarquía y se identificaron con un sector conservador. 

Pero los recursos humanos disponibles eran escasos para tan magna demanda y se recurrió a fomentar la inmigración como medio de solución. La sociedad para el Fomento de la Inmigración, creada por los Fazandeiros del café, las distintas compañías de navegación, así como también el Departamento de Agricultura, fueron algunas de las instituciones que contribuyeron a subvencionar la inmigración. El estado de San Pablo fue uno de los que más invirtió en políticas inmigratorias.

El Brasil del café no necesitó de la esclavitud, la inmigración europea cubrió sus necesidades de mano de obra como así también el importante crecimiento demográfico vegetativo que experimentó su población que pasó de diez a catorce millones en el período 1872 – 1888.

Los inmigrantes se incorporaron al circuito productivo como asalariados o arrendatarios. Poco a poco se fue desarrollando así una clase de pequeños y medianos propietarios, de arrendatarios y asalariados que posteriormente representaría un sector muy importante política y económicamente, dado que conformaría la base de un mercado interno relativamente importante en Brasil.

Cuadro 2

Inmigración en Brasil 1881 - 1930

 

Período

País de origen (cantidades en porcentajes)

Portugal

Italia

España

Alemania

Japón

1881-1885

32

47

8

8

-

1886-1890

19

59

8

3

-

1891-1895

20

57

14

1

-

1896-1900

15

64

13

1

-

1901-1905

26

48

16

1

-

1906-1910

37

21

22

4

1

1911-1915

40

17

21

3

2

1916-1920

42

15

22

3

7

1921-1925

32

16

12

13

5

1926-1930

36

9

7

6

13

Totales

30%

37%

15%

5%

3%

Fuente: SANCHEZ ALBORNOZ, N. La población de América Latina. Adaptación.

Como es observable en el cuadro anterior la nacionalidad de los inmigrantes fue la siguiente: portugueses, italianos, españoles, alemanes y japoneses. Con respecto a la inmigración japonesa es necesario hacer mención que a pesar del importante número que arribó a este país resultaron productivamente inestables dado que internamente migraban desde centros urbanos periféricos de San Pablo a la frontera agrícola algodonera y/o cafetalera alternativamente.

En general, fueron las ciudades de San Pablo y Río de Janeiro las mayores receptoras de inmigrantes. En ellas se establecieron los principales canales de comercialización y financiamiento. Fueron también los centros urbanos donde se desarrollaron las primeras actividades manufactureras que surgieron sobre la base de la acumulación realizada por los sectores exportadores. Como así también fueron los que vieron surgir los primeros movimientos obreros. En 1903 los textiles de Río de Janeiro y en 1906 los ferroviarios de San Pablo fueron quienes encabezaron las primeras huelgas que lograron movilizar a numerosas trabajadores. La tendencia anarcosindicalista de estas organizaciones no fue compartida por algunos sectores de la clase media brasileña, esto sumado a la política represiva del gobierno lograron  debilitar notoriamente la actividad sindical en este país.

Unos de los mayores obstáculos de la clase trabajadora latinoamericana fue su diversa composición étnica. Las inmigrantes europeos formaban una mayoría entre los trabajadores. Esto hizo que en muchas oportunidades fueran vulnerables a ciertas formas de represión como la Liga Nacionalista que en Brasil como en otros estados latinoamericanos se organizaron contra la supuesta subversión extranjera.

En 1922 estos ex anarcosindicalistas fundan el Partido Comunista, movimiento que desempeño roles significativos en algunas campañas electorales pero se afianzaría posteriormente en 1930.

 

Chile

En un primer período comprendido entre 1850 y 1900 el crecimiento demográfico fue mas elevado y pausado que en un segundo periodo  comprendido entre 1900 y 1930. A comienzos de la década de  1870 la población chilena se duplica pasando de un millón durante la independencia a dos millones en 1875.

En esta época Chile gozaba de estabilidad constitucional ininterrumpida desde hacía cuarenta años y en lo que respecta a lo político funcionaba un sistema multipartidista. La economía se caracterizaba por un modesto crecimiento basado en la exportación de productos primarios procedentes de la tierra y de la minería. La mano de obra que requería esta última actividad no necesitaba ser abundante lo cual estimulaba movimientos regionales de población. A escala nacional sin embargo no se produjo un aumento demográfico que valga la pena mencionar.

Dentro de la clase trabajadora chilena, la composición étnica predominante era la española, ingresando inmigrantes chinos para trabajar en las minas de nitrato ubicadas en el norte del país.

En general la inmigración fue producto de movimientos de re-migración donde los inmigrantes probaban suerte en un país y luego si esta les era desfavorable se trasladaban a otro.

Cuadro 3

Inmigración neta en Chile 1881 – 1930

 

Período

Cantidad de inmigrantes (en miles)

1881-1885

4.300

1886-1890

23.900

1891-1895

2.800

1896-1900

4.100

1901-1905

3.600

1906-1910

35.600

1911-1915

53.300

1916-1920

14.800

1921-1925

34.300

1926-1930

6.300

Totales

183.000 inmigrantes

Fuente: SANCHEZ ALBORNOZ, N. La población de América Latina. Adaptación.

En la costa del Pacifico, eran considerablemente menores los cultivos especializados, estando estos limitados a zonas especificas y esto impulsó los servicios y el crecimiento de mercados nacionales internos.

A partir del siglo XX, en el momento en que la agricultura entro en una fase capitalista en el centro de Chile, los propietarios se resistieron a arrendar tierras generándose un crecimiento demográfico importante; lo cual  determinó  una mayor oferta de mano de obra por lo que la población rural excedente migra hacia dos rutas de escape: una hacia el norte, en las zonas mineras;  y otra al sur, la Patagonia, entre los años 1885 y 1915. Pero estas dos zonas no fueron suficientes y se produjo un fenómeno de población flotante la cual  se empleó en la construcción de ferrocarriles, recolección de cosechas y, gran parte, se desplazó a las ciudades donde se desempeñaba como servicio doméstico.

La sociedad chilena era eminentemente rural. Una aristocracia terrateniente blanca regía la vida nacional en todos los aspectos; mientras que un campesinado analfabeto, mayoritariamente mestizo, obedecía los designios del grupo dominante.

La población activa estaba muy segmentada, los empleados en el sector de exportación se encontraban sumamente aislados de los trabajadores de otros sectores. Aunque la capacidad de negociación era relativamente mayor que en otros países. Así la posición estratégica que los mineros y trabajadores del transporte ocupaban en la economía basada en la exportación hacia que frecuentemente estuviesen sometidos a toda la fuerza de control estatal, pero a veces, su capacidad de negociación les permitía obtener ganancias económicas y/o políticas. Los mineros de nitrato lograron crear la unidad y la practica militante que a menudo caracterizaban a las comunidades mineras bastante aisladas y fueron estas organizaciones políticas y económicas de los mineros y no la de artesanos de los pequeños talleres de Santiago, los que darían forma al movimiento obrero chileno.

Los ferroviarios estuvieron entre los trabajadores que primero se organizaban mientras que los ajustes al sector de la exportación se encontraban dispersos  en empresas pequeñas.

Las actividades del sector exportador estaban dominadas por intereses extranjeros tanto británicos como norteamericanos, lo que despertó en la sociedad un resentimiento hacia   los propietarios y administradores extranjeros.

El Estado permanecía en su mayor parte en manos de grupos vinculados al sector exportador los que no mostraban interés por la expansión industrial a gran escala. En los primeros años del siglo XX el gobierno chileno ejerció un nivel de violencia represiva muy alto. El uso de espías de la policía y ágiles provocadores dentro del movimiento obrero eran estrategias complementarias del gobierno, como así también los rompehuelgas. Además el gobierno  dictó leyes que determinaban la expulsión de los militantes nacidos en el extranjero que actuaban como supuestos “agitadores”.

Los trabajadores de las zonas mineras sufrían formas de explotación especiales. Las compañías eran propietarios de las viviendas de los trabajadores por lo que amenazaban con la expulsión si causaban problemas a la compañía.

El socialismo que en América Latina avanzó relativamente poco, en Chile accionó mediante el P.O.S. (Partido Obrero Socialista) fundado en 1912 por Luis Emilio Recaberreu. Esta asociación adoptó posturas menos reformistas y obtuvo el apoyo de una parte significativa de la clase trabajadora, sobre todo en el norte del país. Pero sus éxitos electorales fueron escasos. Los socialistas chilenos desplazaron a la F.O.C.H. una de las principales federaciones obreras del país, en una dirección anticapitalista a partir de 1919.

Los trabajadores recurrían al boicot, trabajo lento y sabotaje además de las huelgas como medio de presión.

La F.O.R.A. influyó en los movimientos chilenos mediante sus publicaciones y la circulación del diario anarquista. En Chile surgen, en los primeros años del siglo XX, sociedades de resistencia en Santiago y Valparaíso.

En el norte chileno, al mismo tiempo, surgió una forma distinta de organización: los mancomúnales que eran combinaciones de mutualidades y sindicatos fundadas sobre la base territorial y no profesional. Estaban compuestas por mineros del nitrato y trabajadores del ramo del transporte unidos a obreros especializados y no especializados en organizaciones cohesivas y militantes. Las fuertes represiones y la crisis económica provocaron que  tanto la sociedad de resistencia y las mancomúnales dejaran de funcionar después de 1907.  Recién volvieron a re aparecer después de la primera guerra mundial.

El efecto de la revolución rusa fue muy importante en el periodo 1917- 1920 pues inspiró a militantes y alarmó a los grupos gobernantes. En Chile, en este periodo, se re iniciaron las huelgas en Santiago y Valparaíso, entre los trabajadores portuarios y plantas de envasado. El Estado respondió nuevamente con una fuerte represión.

El papel que jugó la Iglesia no favoreció a los trabajadores, en Chile los positivistas creían que se debía reestructurar la educación y destruir el poder del catolicismo. Los católicos lo combatieron por medio de su club político denominado:" Los amigos del país" quienes presionaron a favor de la causa católica, principalmente en educación, y lograron debilitar la jefatura del Instituto Nacional. Los métodos que utilizaba la Iglesia eran una mezcla del periodismo político (donde escritores chilenos defendían la fe inspirados en Pío IX al denunciar al liberalismo, racionalismo, ciencia y progreso) y la táctica de presión; no obstante, fue una batalla perdida de antemano. La Iglesia en Chile no era rica ni en tierras ni en propiedades y a finales del siglo XIX se identificó con el Partido Conservador .Recién con la Constitución de 1925 se separó la Iglesia del Estado, reconociendo personalidades jurídicas a la Iglesia Católica y le garantía tener propiedades exentas de impuestos al igual que  otras religiones.

En el decenio de 1920 se intentó por parte del Estado crear sindicatos que cumplieran los objetivos de éste último. Durante el gobierno de Ibañez (1927-1931) pretendían captar a los sindicatos con fines electorales. Surge  en este momento el Código de Trabajo Chileno adoptado en 1924 pero puesto en práctica en 1927, estrategia que fue utilizada luego en otras partes de América Latina. El código autorizaba que existieran sindicatos, pero restringía su autonomía y eficacia.

El prestigio de la revolución rusa inspiro las primeros partidos comunistas y en el siglo XX influyeron creando sindicatos no organizados entre los trabajadores de la administración. Pero durante el gobierno de Ibañez todos los que se oponían a su gestión debían afrontar la cárcel o el exilio.

 

Argentina

Con el propósito de integrar económicamente el país e incrementar los niveles de producción para hacer frente a las  crecientes demandas de productos primarios por parte de los países europeos, los gobiernos del período 1862 – 1880 debieron hacer frente a una serie de problemáticas tales como: la escasez de mano de obra para dichas actividades; la incorporación de nuevas tierras para la producción;  la necesidad de infraestructura para facilitar la circulación de bienes y personas, y la vinculación de las distintas economías regionales; la solicitud de créditos y préstamos externos para financiar las bases del modelo económico implementado, entre otros aspectos. 

La estabilidad política y el crecimiento de la producción fueron dos de las consecuencias más importantes de la aplicación de tales medidas. Aspectos que caracterizaron el período posterior a 1880.

Pero dicho crecimiento agrícola requería de un mayor número de trabajadores  que Argentina no poseía. Ante esta problemática el Estado implementó programas para atraer a gran cantidad de inmigrantes. Entre 1870 y 1914 llegaron al país alrededor de seis millones de extranjeros, pero solo el 50% se radicó definitivamente en el país. Este inmigrante se encontró con distintas realidades en cuanto a la propiedad de la tierra, por ejemplo, en Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes recibieron tierras y subsidios logrando muchos de ellos transformarse en colonos agrícolas; en cambio,  las tierras bonaerenses eran propiedad de grandes estancieros que no propiciaron la subdivisión de la tierra y la instalación de colonias agrícolas, aquí los inmigrantes fueron arrendatarios o peones de dichos latifundistas.

El Estado representaba a este sector terrateniente exportador y a los intereses extranjeros ligados al modelo económico. A medida que los grupos medios, urbanos y rurales aumentaban su volumen se iban estructurando y expresando presiones sociales para una mayor participación en la actividad política. La influencia ideológica y cultural europea y el éxito del crecimiento hacia fuera fortalecieron la ideología liberal de los sectores gobernantes y la integración al mundo librecambista del “imperio británico”.

Cuadro 4

Inmigración en Argentina

 

Período

País de origen (cantidades en porcentajes)

Italia

España

Francia

Gran Bretaña

AustriaHungría

Rusia

Polonia

Siria

Libia

1871-1875

56

19

15

4

0,4

-

-

1876-1880

62

14

9

3

3

-

-

1881-1885

72

10

8

2

2

-

-

1886-1890

53

23

12

2

2

-

-

1891-1895

68

15

5

0,6

1

-

-

1896-1900

64

23

3

0,6

1

-

-

1901-1905

54

27

4

0,8

3

2

1

1906-1910

41

41

2

0,7

2

5

4

1911-1914

30

47

2

0,8

2

6

6

Fuente: I.N.D.E.C. Registro Estadístico. 1971.  Adaptación.

En Argentina, como se registra en el cuadro estadístico, los italianos constituían el grupo de inmigrantes más numerosos. Entre 1860 y 1900 representaron más de la mitad del total de inmigrantes, escoltados por los españoles, quienes en 1911 ampliaron notablemente su llegada al país. Esta afluencia masiva de inmigrantes desencadenó un aumento progresivo de la población argentina.

La mayor parte de esta población se concentró en las ciudades debido a las dificultades para acceder a la propiedad de la tierra. La expansión de la economía agro-exportadora estimuló el incipiente desarrollo de actividades industriales, especialmente aquellas vinculadas a los productos exportables y el sector de servicios. Hacia fines del siglo, la población trabajadores se hallaba repartida por partes iguales entre las actividades agropecuarias, la industria, los servicios y  trabajadores temporarios.

La composición de la clase trabajadora contenía un amplio número de inmigrantes. Algunos de ellos habían adquirido experiencia política y habían desempeñado un papel activo en los movimientos obreros  de sus países  natales. Esto sumado a las pésimas condiciones de trabajo vigentes en Argentina y la falta de compromiso por parte del Estado para solucionar este aspecto, condujo a que muchos trabajadores buscaran medios para superar esta realidad. Los actos, las huelgas y manifestaciones resultaron ser esos medios de protesta, a los cuales el gobierno respondió con represión y violencia directa e indirecta, esta última bajo la forma de un aparato jurídico que garantizaba el “bienestar común”, como por ejemplo, la Ley de Residencia dictada en 1902 que expulsaba del país a todo extranjero considerado “agitador”, la Ley de Defensa social de 1910 o la implantación momentánea del estado de sitio en ciudades como Santa Fe donde los portuarios y trabajadores del ferrocarril se encontraban en huelga en 1904. Al sancionarse la primera, Roca en su discurso afirmó: “Emplearé todos los resortes y facultades que la constitución ha puesto en manos del poder ejecutivo nacional, para evitar, sofocar y reprimir cualquier tentativa contra la paz pública. En cualquier punto del territorio argentino en que se levante un brazo fratricida, o en que estalle un movimiento subversivo contra la autoridad constituida, allí estará todo el poder de la Nación para reprimirlo”.(2)

En realidad el movimiento obrero más fuerte había surgido ya en Argentina en el decenio de 1880 bajo la influencia de anarquistas y socialistas. Pero enfrentamientos entre estas fracciones internas y la grave crisis político- económica de 1890 motivaron el derrumbamiento de muchos sindicatos. 

Las organizaciones obreras fueron una respuesta colectiva a un problema  que involucraba a vastos sectores populares. En 1896 se funda el Partido Socialista que sostenía como estandarte el reformismo parlamentarista y en 1901 surge la F.O.A. (Federación Obrera Argentina) quien posteriormente, en 1904 pasa a denominarse F.O.R.A. (Unión Obrera Regional Argentina) como un intento de agrupar a todos los gremios existentes bajo la influencia del anarquismo. En 1902 los socialistas y afiliados no anarquistas abandonan la F.O.A. y fundan una organización independiente, la U.G.T. (Unión General del Trabajo). Por su parte los sindicalistas, vinculados a los sectores portuarios y otros grupos claves de la economía de exportación, formaron la Confederación Obrera Regional Argentina (C.O.R.A.) en 1909, quienes en 1914 se fusionan con la F.O.R.A., organismo que va a ser dominado ampliamente por los sindicalistas. Por su parte, los anarquistas se retiran y conforman la F.O.R.A. V.

Cuadro 5

Huelgas en Argentina (1907 – 1912)

 

Causas

Años

1907

1908

1909

1910

1911

1912

Total

%

Salarios

Aumentos

49

22

45

174

28

19

337

34

Varios

18

9

17

1

8

18

71

7

Horario

Modificación

30

3

2

-

4

1

40

4

Disminución

16

18

20

27

5

15

101

10

Organización

Readmisión

46

33

28

70

30

22

229

23

Expulsión

27

17

12

4

11

3

74

7

Solidaridad

18

2

9

1

5

2

37

4

Otras causas

Trabajo a destajo

5

1

-

-

2

-

8

0.8

Contratos

4

1

-

-

6

-

11

1

Causas varias

18

12

5

21

9

13

78

8

Fuente: Departamento Nacional de Trabajo, Boletín nº 21. Extraído de: CORTÉS CONDE Y GALLO, E. La formación de la Argentina Moderna (1870-1914)

Los sectores sindicalistas contaban con un amplio apoyo popular y durante el gobierno de Yrigoyen (1916-1922) prestaron colaboración en forma implícita al Estado dada la actuación del gobierno frente a los conflictos gremiales, la cual apuntaba a la no-represión violenta y a la conciliación entre obreros y empresarios. No obstante, hacia 1919, debido a las malas condiciones laborales estalla  un grave conflicto obrero conocido popularmente como “Semana Trágica”. El conflicto estalló en los talleres metalúrgicos Vasena y se extendió por la ciudad de Buenos Aires. En el enfrentamiento entre obreros y sectores de la policía y del Ejército hubo muertos de ambos sectores. En la represión actuó un grupo  civil armado denominado “Liga Patriótica” conformado por industriales, grandes propietarios de tierras, sectores de la Iglesia y el Ejército. Este grupo nacionalista de derecha consideraba a los extranjeros revolucionarios como una verdadera amenaza  para el “Orden y la Nacionalidad” y determinaron un vertiginoso giro en la política obrera implementada en el momento: “En la primera presidencia de Yrigoyen la más importante esfera de conflictos fueron los manejos del gobierno con la clase obrera con el fin de ganar sus votos y minar la posición del Partido Socialista, para lo cual tendió a favorecer una posición negociadora de los sindicatos durante las huelgas. Esta estrategia logró cierto éxito en las huelgas marítimas de 1916 y 1917, pero fracasó al aplicarse a las huelgas ferroviarias de 1917 y 1918. Cuando estas últimas pusieron en peligro los intereses de los exportadores y de las empresas extranjeras, los grupos nacionales y foráneos se unieron para enfrentar la política oficial, así surgieron la Asociación Nacional del Trabajo en 1918 y la Liga Patriótica en 1919, y presionado por ellas el gobierno debió cambiar el rumbo”.(3)

Hacia 1920 el movimiento obrero argentino sufrió grandes divisiones internas que  sumadas a la grave depresión económica debilitaron su accionar gremial. Ante esta realidad los gobiernos dictatoriales respondieron a los conflictos laborales con una política que se debatía entre la indiferencia y la represión violenta.           

 

Cuba

Al terminar la trata de esclavos transatlántica en Cuba en 1865-1866, se recurrió a corto plazo a mano de obra china y a la importación de peones, supuestamente bajo contrato pero, en realidad, empleando la coerción y dándoles poca libertad de acción.

Entre 1853 y 1874, llegaron a La Habana 124.000 chinos lo que hizo que el 3% de la población cubana fuera de origen chino. Alrededor de 6000.000 personas se afincaron en Cuba, siendo los españoles los que superaron ampliamente en numero a todos los demás.

Cuadro 6

Inmigración neta en Cuba 1902 – 1930

 

Período

Origen

España

Antillas

1902-1905

81%

1%

1906-1910

71%

14%

1911-1915

75%

11%

1916-1920

52%

37%

1921-1925

50%

37%

1926-1930

30%

58%

Totales

58%

31%

Fuente: SANCHEZ ALBORNOZ, N. La población de América Latina. Adaptación.

La prontitud con que se creó una importante reserva de mano de obra industrial también marcó el desarrollo del movimiento obrero desde su nacimiento. La composición étnica de la clase trabajadora de los primeros tiempos variaba mucho de un país a otro e incluso de una ciudad a otra.

En varias ciudades latinoamericanas, especialmente en Río de Janeiro y La Habana, los ex esclavos nacidos en África y sus descendientes constituían una parte importante de la clase trabajadora. En cambio los españoles desempeñaban un papel muy importante dentro de la clase dirigente. Sin embargo solo algunos países latinoamericanos se beneficiaron con la llegada de extranjeros, fueron estos: Argentina, Brasil, Cuba, Uruguay y Chile.

En América Central la población partió de un nivel muy bajo, aumentando tres veces y media durante el periodo comprendido entre 1850 y 1930. Por el contrario, las revueltas y las guerras obstaculizaron el crecimiento demográfico en Cuba durante la segunda mitad del siglo XIX.

El censo de Cuba de l899, revela incluso un decrecimiento de 59.482 habitantes en relación con el censo de 1887. Después de la independencia (1898), la inmigración hizo que el número de habitantes aumentara a un ritmo bastante dinámico.

En América Central, en general, el mayor periodo de crecimiento se sitúa en el siglo XX, al igual que en otras partes de América Latina.

En Panamá, la construcción del canal y el incremento del trafico marítimo, junto con las plantaciones de plátanos, atrajeron asimismo inmigrantes.  A resultas de ello, la población creció con bastante rapidez. Tanto empresarios como legisladores aprobaban la llegada de extranjeros ya que si la mano de obra hubiera continuado siendo escasa los salarios se habrían puesto por las nubes en unos momentos en que la economía exportadora dependía de la capacidad de vender productos a precios baratos en el mercado mundial.

En América Central y los países andinos no se dio una afluencia masiva de europeos, los que se trasladaron a estas regiones no se integraron en la sociedad por los estratos inferiores sino por los superiores. Había una nutrida representación de europeos, por ejemplo, entre los plantadores de café de Costa Rica. Los que entraban en la sociedad por el nivel más bajo eran los asiáticos. Cuando la industria azucarera no logro renovarse tecnológicamente, muchas personas de las islas del Caribe se quedaron sin trabajo al tiempo que el rápido crecimiento demográfico creaba un serio exceso de población. Dándose en este momento un movimiento de esta población cesante hacia la construcción del ferrocarriles, la excavación del canal de Panamá o la recolección de plátanos de la United Fruit Company. Sin embargo, los  gobiernos de Argentina, Brasil, Chile, Cuba y Venezuela, con el pretexto de que había agitadores extranjeros detrás de la creciente inquietud obrera, dictaron leyes que preveían la expulsión de los militantes nacidos en el extranjero. De todas maneras, las medidas no pudieron frenar completamente  los movimientos obreros que empezaron a surgir hacia fines del siglo XX. Estos se inspiraban claramente en las experiencias de los trabajadores de otras partes del mundo, fue sin embargo un proceso complejo y variado que dio origen a la formación de varios agrupamientos políticos diferentes.

En América Central  los movimientos de la clase obrera trabajadora fueron generalmente débiles y fragmentarios antes de la primera guerra mundial. Esto puede atribuirse, entre otros varios motivos, a una clara posición de la Iglesia. Esta, después de la independencia, continuaba con su pasado ibérico y colonial, pero los nuevos Estados vieron la riqueza, la influencia y los privilegios de la Iglesia como foco rival de la lealtad del pueblo, alternativa de poder y fuente de ingresos. La Iglesia católica se esforzó mucho por contrarrestar el crecimiento de los movimientos revolucionarios o incluso reformistas entre los trabajadores.

Para finalizar con este pequeño análisis podemos concluir sosteniendo que en América Central los movimientos obreros no tuvieron lugar para la acción, hasta el periodo posterior a la primera guerra mundial, debido a una conjunción de factores que impidieron su realización. Entre estos factores a los que se hace referencia podemos encontrar, que los inmigrantes que arribaron a esta zona se ubicaron  en los estratos sociales altos de la sociedad. Al igual que su procedencia preferentemente española, hizo que se conservara la organización social tradicional manteniendo la Iglesia su posición como institución fuerte y tradicional dentro del poder público.

 

Perú 

 

En 1845 este país andino comenzaría a disfrutar de un  período de paz y progreso bajo la presidencia de Ramón Castilla, quien inició numerosas reformas como la abolición de la esclavitud, la construcción de vías férreas y de instalaciones telegráficas, así como la adopción en 1860 de una Constitución liberal. Castilla también inició la explotación de las riquezas del país, como el guano y los yacimientos de nitrato. En 1864 estos yacimientos desencadenarían la primera guerra del Pacífico (1864-1866) entre Perú y España.  De 1866 a 1833, Perú vivió una época sumamente difícil. La crisis  económica provocada por la baja del precio del guano hizo que estallara una revolución contra en gobierno (1872), el Partido Civil se apropió del poder pero no logró sobrellevar la crítica situación. A ello se suma una gran derrota ante Chile en la segunda guerra del Pacífico (1879-1883), perdiendo ricos territorios en el sur. La guerra agotó las reservas financieras peruanas y el país se vio envuelto en una serie de gobiernos dictatoriales.

Con respecto a la inmigración, Perú fue uno de los países que menor cantidad de inmigrantes recibió en comparación otros países latinoamericanos. En el período comprendido entre 1859 y 1874 ingresaron al país 87.000 extranjeros, todos ellos de nacionalidad china, destinados a las plantaciones de caña de azúcar en el norte y a las producciones guaneras del sur. En 1876, el 2% de la población era de origen chino. También se dio una importante llegada de polinesios y hawaianos que llegaron a Perú a bordo de barcos de origen chileno, al amparo de proyectos para fomentar la inmigración que eran sumamente dudosos. En mínima proporción arribaron también colonos suizos y alemanes como consecuencia de la puesta en marcha de programas de colonización agrícola.

En general, en los países andinos no se dio una afluencia masiva de europeos y los que llegaron se integraron a los niveles más altos de la sociedad, como por ejemplo, los banqueros es Perú. Estos fenómenos sumado a la escasa inmigración motivaron muy pocos movimientos obreros, que tuvieron un mínimo accionar durante el siglo XIX. De ellos el más importante fue el iniciado por el Círculo de Obreros Católicos (de orientación sindicalista), en Arequipa en 1896, movimiento que fue ampliamente respaldado por la Iglesia que ante la pérdida de influencia  entre los sectores privilegiados comenzó a buscar apoyo entre los indios, los cholos de la sierra y los trabajadores urbanos. También hacia 1919 los trabajadores de Lima organizaron una huelga general que alcanzó un notable éxito debido a que logró reducir la jornada laboral de ocho horas. Pero no solamente la Iglesia logró ecos entre estos sectores, también lo hizo el movimiento reformista A.P.R.A. (Alianza Popular Revolucionaria Americana) que nació hacia el decenio  de 1920 como enemigo de la Iglesia y la religión y animado por el objetivo de canalizar la religiosidad hacia los intereses de su propio partido.

De acuerdo al análisis planteado anteriormente y basándose en la hipótesis propuesta en la introducción se determina que el problema de la “escasez” de la mano de obra significó para los nuevos Estados latinoamericanos un verdadero desafío, puesto que la mayoría de estos países participaban en el orden económico internacional como productores-exportadores de materias primas: “...el ritmo de trabajo debe cambiar radicalmente para aumentar la productividad de la mano de obra; las quejas sobre la invencible pereza del campesino hispanoamericano (...) son testimonio de la presencia de un problema insoluble: se trata de hacer de este campesino una suerte de trabajador híbrido que reúna las ventajas del proletariado moderno (rapidez, eficacia surgidas no sólo una voluntad genérica de trabajar, sino también de una actitud racional frente al trabajo) y las del trabajador rural tradicional de América Latina (escasas exigencias en cuanto a salarios y otras recompensas, mansedumbre para aceptar la disciplina que incluye amplios márgenes de arbitrariedad)”. (4) Ante este panorama social muchos Estados comienzan a implementar programas para favorecer la inmigración. En los decenios de 1870 - 1880 empezó la emigración masiva de europeos a América Latina, la causa principal de expatriación era de índole económica. América Latina ofrecía en varios campos condiciones excepcionales justamente en el momento en que en Europa la agricultura del sur y el este se encontraba en crisis.

Sin embargo la inmigración en Latinoamérica fue de importancia muy variable. En todas partes continuó y se acentuó la integración de extranjeros en los niveles altos de las sociedades urbanas; las nuevas funciones que iba asumiendo la economía metropolitana aseguraban, en efecto, el mantenimiento de ese proceso. Inmigración masiva solo se dio en algunas tierras atlánticas: Argentina, Uruguay y Brasil central y meridional. En el resto de América Latina, ni la expansión de la población global ni el crecimiento de las ciudades se apoyaron de modo numéricamente importante en los aportes inmigratorios.

La composición étnica del sector inmigrante era heterogénea en los distintos países estudiados como así también las influencias ideológicas de las que venían imbuidos, lo cual a su vez estaba determinado por el país de origen y por las actividades productivas que allí desempeñaban. Esta característica complicaba la cooperación entre los trabajadores, lo cual perjudicaba el movimiento  obrero y beneficiaba al sector capitalista.

Muchos de estos inmigrantes se insertaron en los sistemas productivos como mano de obra asalariada y/o arrendataria en las zonas rurales, otros se ubicaron en puestos administrativos y comerciales y, finalmente, hubo quienes fueron conformando un sector obrero en la incipiente actividad manufacturera que se comenzaba a desarrollar en los centros urbanos exportadores relacionados con el  modelo centro-perisferia. Diferencias estas que incrementaron un sentimiento nacionalista y el surgimiento, en muchos Estados, de organizaciones políticas de origen conservador tendientes a frenar el avance ideológico de las masas trabajadoras por considerarlas verdaderos obstáculos  “al Orden y al Progreso”. Estos movimientos nacionalistas fueron una clara reacción a la lucha de clases y a la posibilidad potencial de ascenso social de la masa trabajadora.

Pero, en general, fueron los trabajadores de aquellas actividades relacionadas con la producción para la exportación los que motivaron un mayor control del Estado y los que a su vez lograron mayores beneficios, dada la vitalidad del cumplimiento eficaz de sus funciones para el sostenimiento del modelo económico adoptado.

La influencia de las corrientes anarcosindicalistas condujeron a los obreros a adoptar la huelga como un medio homogéneo de protesta. Ante este accionar el Estado fue otro de los actores sociales que imposibilitó el avance de estos sectores obreros con medidas tales como la represión y la creación de leyes tendientes a expulsar a los “agitadores”. Como se observa el papel del Estado en las luchas entre capital y trabajo era coaccionar al segundo.

Para concluir se puede considerar que la realidad analizada responde a un panorama mucho más compleja, en el cual es necesario resaltar y profundizar el rol desempeñado por el Estado sobre los movimientos obreros que, en muchos casos, se caracterizó por una absorción de estos en perjuicio del desarrollo de las industrias nacionales. Esta actitud por parte del Estado se vio motivada por  el interjuego de intereses extranjeros que incrementaron la dependencia de los países latinoamericanos, luego de la inserción en modelo centro-perisferia. Accionar que estuvo beneficiado por el rechazo que, en general, se dio en América Latina hacia la influencia de las corrientes ideológicas que generó la revolución rusa de 1917.

Citas

1. CORREIA de ANDRADE, Manuel. Los años treinta en Brasil. México. 1977.

2. Discurso de roca al sancionarse la Ley de Residencia. Actas del Congreso de la Nación. 1902.

3.  ROCK, David. El radicalismo argentino. Buenos Aires. 1992.

4.  HALPERIN DONGHI, Tulio. Historia Contemporánea de América Latina. Madrid. 1996.

 

 

Indice de cuadros

 

Cuadro 1: Exportaciones de Café

Cuadro 2: Inmigraciones en Brasil 1891 - 1930

Cuadro 3: Inmigración neta en Chile 1881 - 1930

Cuadro 4: Inmigración en Argentina

Cuadro 5: Huelgas en Argentina 1907 - 1912

Cuadro 6: Inmigración neta en Cuba 1902 - 1930

 

Indice de mapas

Mapa 1: Diversidad de economías en América Latina (siglo XIX)

Mapa 2: Principales movimientos obreros en América Latina 1850-1930

 

 

Bibliografía Consultada

HALPERIN DONGHI, Tulio. Historia contemporánea de América Latina. Ed. Alianza. Madrid. 1996.

BETHEL, Leslie. Historia de América Latina. Tomo VII y X. Ed. Crítica. Barcelona. 1991.

GRAN ENCICLOPEDIA TEMATICA PLAZA. El camino de América Latina hacia la modernidad. Plaza y James editores. Barcelona. 1994.

IZARD, Miguel. Latinoamérica, Siglo XIX: violencia, subdesarrollo y dependencia. Ed. Síntesis. Madrid. 1990.

OSZLAK, Oscar. La formación del Estado Argentino. Ed. Belgrano. Buenos Aires. 1982.

ROMERO, José Luis. Situaciones e ideologías en Latinoamérica. Ed. Sudamericana. Buenos Aires. 1990.

SUNKEL, O. y PAZ, P. El subdesarrollo latinoamericano y la teoría del desarrollo. Ed. Siglo XXI. México. 1980.