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ESPACIO 127 Nº 7
INMIGRACIÓN Y MOVIMIENTOS OBREROS EN AMÉRICA LATINA Ceol, Natalia; Madoz, Nidia; Dotti, Juan; Labrador, Ignacio; Giandinotto, Rodrigo; Chorszeski, Marisa y Schneider, Alejandra (trabajo realizado cuando eran alumnos del 3º año del Profesorado de Historia, año 2000)
La siguiente investigación surgió de las inquietudes originadas a partir del análisis de las problemáticas de los inmigrantes y su relación con los movimientos obreros en el período comprendido entre 1850 y 1930. A esta problemática de origen se fueron incorporando diversos aspectos tales como: ideología y origen de los inmigrantes, condición social de los mismos; sistemas de producción; recursos económicos y su distribución espacial; intervenciones extrajeras y factores de poder entre otros. Teniendo en cuenta estas categorías de análisis se formuló la siguiente hipótesis: los focos de desarrollo de los movimientos obreros latinoamericanos, en la última parte de los siglos XIX y primera del XX, se vieron determinados por la distribución espacial de las comunidades de inmigrantes europeos, el marco ideológico de las mismos y las actividades productivas vinculadas al modelo centro - periferia. La producción será abordada a partir de un análisis particular de los siguientes países: Argentina, Chile, Brasil, México, Perú y, en general, América Central; argumentando en cada caso la hipótesis actualmente mencionada. Para profundizar los datos investigados y lograr que el lector pueda visualizar las relaciones entre los mismos se utilizaran como soportes del texto cuadros estadísticos y cartografía especifica confeccionada para tal fin.
MéxicoA pesar de que la situación en América Latina encuentra muchos puntos equidistantes que se tradujeron en un amplio espectro de semejanzas, es preciso también citar algunas cuestiones que en México se demostraron particulares, situación esta que conlleva a determinar que México fue una realidad no idéntica a las demás realidades de países latinoamericanos. Por tal motivo es preciso citar aquellos puntos en común que lo unen a una realidad global latinoamericana, como también aquellos aspectos que lo hacen digno de un análisis individual no perdiendo el marco de la diversidad y la multiperspectividad. En primer lugar es preciso decir que en México no existió en el período que nos interesa una inmigración aluvional como pudo producirse en otros países latinoamericanos, puesto que las condiciones no estaban dadas para que ello sucediera y se materializaban factores que impedían el incentivo del progreso económico que movían a las masas de extranjeros en busca de mejores posibilidades. México vivió una situación convulsionada que se repetía casi cotidianamente a través de sectores que pugnaban por la obtención del poder, lo que no permitió que el país se demostrara con una seguridad política y jurídica que pudiera alentar la llegada de extranjeros. En segundo lugar, no escaseaba la mano de obra e incluso se apelaba a una variada metodología que lograba un poder coercitivo sobre los trabajadores y por el cual se los compelía al trabajo. Es cierto que hubo intentos por atraer inmigrantes y en muchos de ellos existió una voluntad del Estado para que esto fuera posible, como lo es por ejemplo el intento que realiza Porfirio Díaz que pretendía asegurar la frontera norte con inmigrantes que lograran frenar el avance norteamericano sobre tierras mexicanas. Pero las colonias de inmigrantes italianos fundadas en 1881 resultaron ser un fracaso y se terminó empleando mano de obra mexicana para la producción agrícola. Las tierras de la frontera se encontraban en manos de un puñado de individuos y compañías, del país o extranjeras, que habían obtenido los títulos correspondientes gracias a diversas influencias en el gobierno. Esto les permitía desbaratar los intentos independientes de colonización en pequeña escala que hubiesen sido los cimientos de una vida familiar estable y productiva, que permitiera desarrollar la agricultura. En su lugar la población que llegó a las fronteras, fue en su mayoría masculina y muy móvil lo que no permitía la producción permanente. De esta manera, a pesar de que la población iba en aumento, el censo de 1919 sólo registraba 116.527 extranjeros residentes en el país (pescadores chinos de Sonora, portorriqueños que participaban en la producción de henequén y jamaiquinos que trabajaban en el tendido de ferrocarriles). Por su parte, los españoles y otros europeos preferían asentarse en las ciudades y conseguir empleos en el comercio y en los servicios, lo que se traducía en salarios considerables si se los compara a los que raramente existía en el territorio mexicano. En cuanto a la migración interna, puede decirse que la misma fue frecuente en México ya que se fueron “ganando” tierras a los indios en el norte por parte del Estado, y a estas regiones fueron llegando los excedentes poblacionales de otras zonas del país. México, al igual que la mayoría de los países latinoamericanos, participaba en el orden internacional como exportador de productos básicos e importador de productos manufacturados y, hasta bien entrado el siglo XX el desarrollo industrial fue prácticamente escaso por lo cual la industria en sí no tuvo un papel preponderante en las economías regionales, sino más bien un lugar secundario. A este esquema productivo se sumaba el problema de una sociedad segmentada. Así los empleados del sector de exportación vivían aislados de otros trabajadores, aunque su ventaja para negociar era relativamente mayor. Anexado a este papel de simple proveedor que jugaba México a escala internacional se sumaba el desinterés del Estado por fomentar planes de industrialización, dado que no interesaba un proceso de inversión que fuera más allá del cumplimiento de las normas exigidas por las potencias extranjeras. Este proceso de estancamiento industrial y el lento avance de la mecanización, permitió que numerosos oficios sobrevivieran durante mucho tiempo; en México unos 41.000 tejedores usaban telares manuales en 1895, aunque el desarrollo de la industria textil hizo que en 1910 ya sólo quedaran 12.000. El sector de los trabajadores manuales o artesanos formaban una categoría importante en México, donde el censo de 1910 arroja una cifra de 873.436 artesanos y trabajadores, que representaban casi el 16% de la población económicamente activa. Pero muchos de estos puestos ocupaban un lugar poco decisivo para la economía, lo cual limitaba el poder político y económico de los trabajadores. No obstante, a pesar de las dispersiones y de las heterogéneas condiciones de trabajo lograron conformar organizaciones bastantes combativas, y tuvieron un importante papel en la mayoría de los movimientos obreros. En cuanto al proletariado industrial, hay que tener en cuenta que el mismo comenzaba a aparecer en forma considerable en el siglo XX y no ocuparon un lugar central en la economía sino hasta 1930 aproximadamente. Así en el censo de 1910, sobre una población de 15,1 millones de personas, sólo mas de 58 mil clasificaban como obreros industriales, comparados con los 45 mil de 1895. Muchas de las mayores y más modernas fábricas de México eran plantas textiles que estaban en las poblaciones fabriles de Puebla y Veracruz. Durante el período que nos interesa analizar, la intervención del Estado y por ende de las fuerzas de seguridad, en las cuestiones laborales fue muy nutrida, aunque siempre defendiendo los intereses de los industriales, que en México, se caracterizaban por ser nada conciliadores. Así el Ejército y también las fuerzas privadas de represión fueron herramientas utilizadas con frecuencia para lograr imponer las decisiones de los poderosos. Aunque no hay que dejar de citar a otras “herramientas” de contención y de dominio que se empleaban sobre los trabajadores (sobre todo del interior de México) como lo eran los endeudamientos por bonos de comida, o el peligro de perder las precarias viviendas que les eran entregadas a los mineros por parte de sus empleadores. De esta manera los trabajadores “quedaban atados a sus trabajos” y se fomentaba una especie de esclavitud con la anuencia del gobierno de turno. En el período anterior a la primera guerra mundial el gobierno también probó otros medios además de la represión directa para controlar a la clase trabajadora. Díaz, en México, procuró crear o fomentar organizaciones sindicales dóciles que pudieran serle útiles para mantener el dominio sobre los trabajadores. Pero puede decirse que el caldo de cultivo del fomento de las organizaciones de protesta, no fueron por completo estimuladas por las malas condiciones de vida, o por el poder despótico del gobierno, sino por una situación particular que tuvo bastante peso, como lo fue la cuestión de los trabajadores extranjeros. El efecto del nacionalismo fue muy diferente en México que en otros países. Aquí un número relativamente pequeño de trabajadores extranjeros, llegados sobre todo desde los Estados Unidos, monopolizaba la mayoría de los puestos mejor pagados en los ferrocarriles y en muchas de las mayores empresas mineras. Asimismo los capataces y otros supervisores de las modernas fábricas textiles eran con frecuencia extranjeros y gozaban de salarios muy altos, a juicio de la mayoría de trabajadores mexicanos, así como de otros privilegios. El régimen de Díaz, que estaba muy comprometido con intereses extranjeros, proporcionó sin querer a algunos de sus adversarios un arma poderosa: los resentimientos nacionalistas. Así pues, el disgusto que despertaba la posición relativamente privilegiada de los trabajadores y supervisores extranjeros sirvió en gran medida para unificar en gran parte a la clase trabajadora, basándose en el nacionalismo contra lo que parecía un enemigo común: “el inmigrante bien pago”. Los primeros intentos colectivos de defensa por parte de los trabajadores artesanos consistieron en la conformación de mutualidades, que aparecen a mediados del siglo XIX, pero en México la división entre los numerosos pequeños propietarios-productores, por un lado, y los trabajadores-asalariados, por el otro, continuaron siendo bastante imprecisas como para permitir una organización común de trabajadores. Pero no puede negarse el peso de anarquistas ideólogos como Plotino Rhodakanatu (griego de nacimiento) que ejercieron una gran influencia en los movimientos que comenzaron a organizarse. El llamado Gran Círculo de los Obreros comenzó a funcionar en 1870 a modo de coordinadora nacional de las diversas organizaciones que existían, que en su mayor parte eran mutualidades. En 1875 ya tenía veintiocho filiales en la capital y varios estados, y en 1876 consiguió celebrar un Congreso Nacional de Trabajadores. El gran Círculo también utilizó la prensa como herramienta ideológica y publicaba por aquel tiempo un periódico llamado “EL Socialista”. Esta organización en principio fue dominada por anarquistas, pero luego comenzó a recibir subvenciones del gobierno y pronto las disidencias aparecieron para terminar anulando la función inicial del movimiento. Así en 1888 el movimiento se desintegró pues no se lograron conciliar los intereses contradictorios que habían surgido en su seno. También es innegable la acción de los denominados anarcosindicalistas que propiciaban una metodología directa de acción y pretendían a través de la huelga general hacer caer el gobierno, pero es importante tener en cuenta que los anarcosindicalistas tuvieron preferencia por los trabajadores industriales y no los artesanales. Es necesario destacar el nacimiento, durante la presidencia de Porfirio Díaz, del Partido Liberal Mexicano (P.L.M.), influenciado por ideas anarquistas pero que no fueron demostradas sino hasta después de 1910. En 1921 una gran cantidad de anarcosindicalistas, comunistas y otros formaron la Confederación General del Trabajo (C.G.T.), que adoptó una postura anarcosindicalista y estuvo propensa a la acción directa. La C.G.T. se enfrentó en demostraciones de poder durante las huelgas textiles, a la Confederación Regional Obrera Mexicana (C.R.O.M.) que mantuvo cordiales vínculos con empresas americanas y parecía estar a favor del desarrollo capitalista. El C.R.O.M. fue la primera confederación sindical que tuvo peso en México y nació de un congreso realizado en Saltillo en 1918 bajo los auspicios del gobernador de Coahuila. El C.R.O.M. se transformó pronto en un brazo del estado para mantener el orden y control También es posible observar la incidencia de la situación internacional en las cuestiones gremiales mexicana, y de toda América Latina, al observar como la revolución rusa sirvió para inspirar a los militantes de todo el continente, y durante los años ‘20 los comunistas lograron crear gremios en lugares donde antes no se había logrado tal fin, como por ejemplo entre los campesinos de algunos focos de México. El primer partido comunista había aparecido en México en 1919, del seno de un pequeño grupo socialista. El partido llevó una existencia precaria durante sus primeros años, pero pudo sobrevivir a pesar de las persecuciones sucesivas y mortales. Pero la influencia ideológica no llegaba sólo desde Oriente sino también de algunos dirigentes que se encontraban exiliados en E.E.U.U., y que desde allí se nutrían con las ideologías socialistas y comunistas que se practicaban en ese país, aunque con una realidad totalmente diferente. El accionar ideológico existente tuvo bases comunistas y socialistas, pero teniendo en cuenta que la inmigración no fue considerable si se la compara con la de otros países latinoamericanos, puede decirse que la base de la actividad gremial se encontraba en disputas provenientes desde la base de conformación de la realidad mexicana, la ideología importada sirvió como factor aglutinante que permitió dar forma a una realidad nativa y de reclamo permanente.
BrasilDurante la segunda mitad del siglo XIX hubo importantes cambios demográficos en Brasil, los cuales estuvieron estrechamente vinculados a lo que podríamos denominar el ciclo cafetalero. El café fue el último de los productos regionales exportables de una sucesión de ciclos productivos, que entre los siglos XVI y XVII se concentró en la producción de azúcar, y en una economía minera durante el siglo XVIII basada en la exportación de oro y diamantes. La producción cafetera amplio la frontera agrícola y condujo a que los capitales se concentraran en muy pocas manos. Tanto latifundistas como comerciantes vinculados a las exportaciones - importaciones fueron quienes cerraron el circulo de poder. Pero esta forma de crecimiento económico no solo dividió a las clases sociales sino también el espacio geográfico puesto que benefició directa e indirectamente a los centros urbanos y a las áreas rurales relacionadas con los sectores de importación - exportación. Esto produjo importantes desequilibrios entre el poder económico y el poder político. “Los (grandes) estados de Minas Gerais y San Pablo, que reunían los dos juntos un tercio de la población brasileña –32% en 1890, 33% en 1900 y 34% en 1920- atraían hacia su área de influencia a un Estado mediano (como Pernambuco, Río de Janeiro o Bahía) a quien daban la vicepresidencia y a algunos Estados pequeños que recibían otras compensaciones, resolviendo así el problema de la sucesión (presidencial). Esta es la razón por la cual, durante el período de 1894 a 1930, hubo una serie de presidentes electos sin competencia (oposición) o con una competencia insignificante, que de este modo obtenían una votación superior al 80% del electorado. (...) el sistema de voto restringido a una pequeña área de población, los fraudes generalizados en la votación y en el cómputo y el reconocimiento de los electos por el Congreso, sujeto éste a la influencia del Poder Ejecutivo, consagraban el sistema, fortaleciendo el dominio de los hacendados del café de San Pablo y de los ganaderos de Minas Gerais”.(1) Esta política de alianza entre los estados de San Pablo y Minas Gerais recibió el nombre de “Política del café con leche”. Cuadro 1Exportaciones de café
Fuente: PRADO JUNIOR, C. Historia económica de Brasil. En Brasil el café avanza constantemente sobre tierras nuevas, cuya fertilidad se ve ampliamente disminuida; la zona cafetera es una franja dinámica, en movimiento, que deja a su paso zonas desbastadas. Este es el precio de una economía agrícola que posee más tierras disponibles que mano de obra y capitales. En ese esfuerzo por explotar esas inmensas tierras, los latifundistas deben recurrir al trabajo semiasalariado de inmigrantes (en su mayoría italianos) que, pese a su gran afluencia (casi dos millones llegan en 1914), resultan escasos para modos de cultivos que no sigan siendo extensivos. Por otra parte este modelo de producción requirió de numerosa mano de obra y se sirvió de aquella que había quedado disponible de las actividades económicas preexistentes. Numerosos esclavos provenientes de las antiguas plantaciones azucareras y de los centros mineros se concentraron ahora en los latifundios cafetaleros. Al terminar en 1850-1851 la trata de esclavos transatlántica esta necesidad de mano de obra en las regiones productoras de café requirió una movilización interna de esclavos entre las diferentes provincias. Hubo, entonces, una redistribución de la población esclava que determino la concentración de la misma en el centro-sur de Brasil. El problema de la esclavitud fue para el régimen imperial el más pesado de los legados de la antigua prosperidad. La libertad de los hijos de esclavos decretada en 1871 no hizo mas que acelerar la desaparición de una institución ya en ruinas. Los esclavos eran dos millones y medio en 1850, un millón en 1874 y setecientos mil en 1887. Finalmente, la emancipación llegó en 1888, sin indemnizar a los propietarios de esclavos que pronto se sintieron traicionados por la monarquía y se identificaron con un sector conservador. Pero los recursos humanos disponibles eran escasos para tan magna demanda y se recurrió a fomentar la inmigración como medio de solución. La sociedad para el Fomento de la Inmigración, creada por los Fazandeiros del café, las distintas compañías de navegación, así como también el Departamento de Agricultura, fueron algunas de las instituciones que contribuyeron a subvencionar la inmigración. El estado de San Pablo fue uno de los que más invirtió en políticas inmigratorias. El Brasil del café no necesitó de la esclavitud, la inmigración europea cubrió sus necesidades de mano de obra como así también el importante crecimiento demográfico vegetativo que experimentó su población que pasó de diez a catorce millones en el período 1872 – 1888. Los inmigrantes se incorporaron al circuito productivo como asalariados o arrendatarios. Poco a poco se fue desarrollando así una clase de pequeños y medianos propietarios, de arrendatarios y asalariados que posteriormente representaría un sector muy importante política y económicamente, dado que conformaría la base de un mercado interno relativamente importante en Brasil. Cuadro 2Inmigración en Brasil 1881 - 1930
Fuente: SANCHEZ ALBORNOZ, N. La población de América Latina. Adaptación. Como es observable en el cuadro anterior la nacionalidad de los inmigrantes fue la siguiente: portugueses, italianos, españoles, alemanes y japoneses. Con respecto a la inmigración japonesa es necesario hacer mención que a pesar del importante número que arribó a este país resultaron productivamente inestables dado que internamente migraban desde centros urbanos periféricos de San Pablo a la frontera agrícola algodonera y/o cafetalera alternativamente. En general, fueron las ciudades de San Pablo y Río de Janeiro las mayores receptoras de inmigrantes. En ellas se establecieron los principales canales de comercialización y financiamiento. Fueron también los centros urbanos donde se desarrollaron las primeras actividades manufactureras que surgieron sobre la base de la acumulación realizada por los sectores exportadores. Como así también fueron los que vieron surgir los primeros movimientos obreros. En 1903 los textiles de Río de Janeiro y en 1906 los ferroviarios de San Pablo fueron quienes encabezaron las primeras huelgas que lograron movilizar a numerosas trabajadores. La tendencia anarcosindicalista de estas organizaciones no fue compartida por algunos sectores de la clase media brasileña, esto sumado a la política represiva del gobierno lograron debilitar notoriamente la actividad sindical en este país. Unos de los mayores obstáculos de la clase trabajadora latinoamericana fue su diversa composición étnica. Las inmigrantes europeos formaban una mayoría entre los trabajadores. Esto hizo que en muchas oportunidades fueran vulnerables a ciertas formas de represión como la Liga Nacionalista que en Brasil como en otros estados latinoamericanos se organizaron contra la supuesta subversión extranjera. En 1922 estos ex anarcosindicalistas fundan el Partido Comunista, movimiento que desempeño roles significativos en algunas campañas electorales pero se afianzaría posteriormente en 1930. ChileEn un primer período comprendido entre 1850 y 1900 el crecimiento demográfico fue mas elevado y pausado que en un segundo periodo comprendido entre 1900 y 1930. A comienzos de la década de 1870 la población chilena se duplica pasando de un millón durante la independencia a dos millones en 1875. En esta época Chile gozaba de estabilidad constitucional ininterrumpida desde hacía cuarenta años y en lo que respecta a lo político funcionaba un sistema multipartidista. La economía se caracterizaba por un modesto crecimiento basado en la exportación de productos primarios procedentes de la tierra y de la minería. La mano de obra que requería esta última actividad no necesitaba ser abundante lo cual estimulaba movimientos regionales de población. A escala nacional sin embargo no se produjo un aumento demográfico que valga la pena mencionar. Dentro de la clase trabajadora chilena, la composición étnica predominante era la española, ingresando inmigrantes chinos para trabajar en las minas de nitrato ubicadas en el norte del país. En general la inmigración fue producto de movimientos de re-migración donde los inmigrantes probaban suerte en un país y luego si esta les era desfavorable se trasladaban a otro. Cuadro 3Inmigración neta en Chile 1881 – 1930
Fuente: SANCHEZ ALBORNOZ, N. La población de América Latina. Adaptación. En la costa del Pacifico, eran considerablemente menores los cultivos especializados, estando estos limitados a zonas especificas y esto impulsó los servicios y el crecimiento de mercados nacionales internos. A partir del siglo XX, en el momento en que la agricultura entro en una fase capitalista en el centro de Chile, los propietarios se resistieron a arrendar tierras generándose un crecimiento demográfico importante; lo cual determinó una mayor oferta de mano de obra por lo que la población rural excedente migra hacia dos rutas de escape: una hacia el norte, en las zonas mineras; y otra al sur, la Patagonia, entre los años 1885 y 1915. Pero estas dos zonas no fueron suficientes y se produjo un fenómeno de población flotante la cual se empleó en la construcción de ferrocarriles, recolección de cosechas y, gran parte, se desplazó a las ciudades donde se desempeñaba como servicio doméstico. La sociedad chilena era eminentemente rural. Una aristocracia terrateniente blanca regía la vida nacional en todos los aspectos; mientras que un campesinado analfabeto, mayoritariamente mestizo, obedecía los designios del grupo dominante. La población activa estaba muy segmentada, los empleados en el sector de exportación se encontraban sumamente aislados de los trabajadores de otros sectores. Aunque la capacidad de negociación era relativamente mayor que en otros países. Así la posición estratégica que los mineros y trabajadores del transporte ocupaban en la economía basada en la exportación hacia que frecuentemente estuviesen sometidos a toda la fuerza de control estatal, pero a veces, su capacidad de negociación les permitía obtener ganancias económicas y/o políticas. Los mineros de nitrato lograron crear la unidad y la practica militante que a menudo caracterizaban a las comunidades mineras bastante aisladas y fueron estas organizaciones políticas y económicas de los mineros y no la de artesanos de los pequeños talleres de Santiago, los que darían forma al movimiento obrero chileno. Los ferroviarios estuvieron entre los trabajadores que primero se organizaban mientras que los ajustes al sector de la exportación se encontraban dispersos en empresas pequeñas. Las actividades del sector exportador estaban dominadas por intereses extranjeros tanto británicos como norteamericanos, lo que despertó en la sociedad un resentimiento hacia los propietarios y administradores extranjeros. El Estado permanecía en su mayor parte en manos de grupos vinculados al sector exportador los que no mostraban interés por la expansión industrial a gran escala. En los primeros años del siglo XX el gobierno chileno ejerció un nivel de violencia represiva muy alto. El uso de espías de la policía y ágiles provocadores dentro del movimiento obrero eran estrategias complementarias del gobierno, como así también los rompehuelgas. Además el gobierno dictó leyes que determinaban la expulsión de los militantes nacidos en el extranjero que actuaban como supuestos “agitadores”. Los trabajadores de las zonas mineras sufrían formas de explotación especiales. Las compañías eran propietarios de las viviendas de los trabajadores por lo que amenazaban con la expulsión si causaban problemas a la compañía. El socialismo que en América Latina avanzó relativamente poco, en Chile accionó mediante el P.O.S. (Partido Obrero Socialista) fundado en 1912 por Luis Emilio Recaberreu. Esta asociación adoptó posturas menos reformistas y obtuvo el apoyo de una parte significativa de la clase trabajadora, sobre todo en el norte del país. Pero sus éxitos electorales fueron escasos. Los socialistas chilenos desplazaron a la F.O.C.H. una de las principales federaciones obreras del país, en una dirección anticapitalista a partir de 1919. Los trabajadores recurrían al boicot, trabajo lento y sabotaje además de las huelgas como medio de presión. La F.O.R.A. influyó en los movimientos chilenos mediante sus publicaciones y la circulación del diario anarquista. En Chile surgen, en los primeros años del siglo XX, sociedades de resistencia en Santiago y Valparaíso. En el norte chileno, al mismo tiempo, surgió una forma distinta de organización: los mancomúnales que eran combinaciones de mutualidades y sindicatos fundadas sobre la base territorial y no profesional. Estaban compuestas por mineros del nitrato y trabajadores del ramo del transporte unidos a obreros especializados y no especializados en organizaciones cohesivas y militantes. Las fuertes represiones y la crisis económica provocaron que tanto la sociedad de resistencia y las mancomúnales dejaran de funcionar después de 1907. Recién volvieron a re aparecer después de la primera guerra mundial. El efecto de la revolución rusa fue muy importante en el periodo 1917- 1920 pues inspiró a militantes y alarmó a los grupos gobernantes. En Chile, en este periodo, se re iniciaron las huelgas en Santiago y Valparaíso, entre los trabajadores portuarios y plantas de envasado. El Estado respondió nuevamente con una fuerte represión. El papel que jugó la Iglesia no favoreció a los trabajadores, en Chile los positivistas creían que se debía reestructurar la educación y destruir el poder del catolicismo. Los católicos lo combatieron por medio de su club político denominado:" Los amigos del país" quienes presionaron a favor de la causa católica, principalmente en educación, y lograron debilitar la jefatura del Instituto Nacional. Los métodos que utilizaba la Iglesia eran una mezcla del periodismo político (donde escritores chilenos defendían la fe inspirados en Pío IX al denunciar al liberalismo, racionalismo, ciencia y progreso) y la táctica de presión; no obstante, fue una batalla perdida de antemano. La Iglesia en Chile no era rica ni en tierras ni en propiedades y a finales del siglo XIX se identificó con el Partido Conservador .Recién con la Constitución de 1925 se separó la Iglesia del Estado, reconociendo personalidades jurídicas a la Iglesia Católica y le garantía tener propiedades exentas de impuestos al igual que otras religiones. En el decenio de 1920 se intentó por parte del Estado crear sindicatos que cumplieran los objetivos de éste último. Durante el gobierno de Ibañez (1927-1931) pretendían captar a los sindicatos con fines electorales. Surge en este momento el Código de Trabajo Chileno adoptado en 1924 pero puesto en práctica en 1927, estrategia que fue utilizada luego en otras partes de América Latina. El código autorizaba que existieran sindicatos, pero restringía su autonomía y eficacia. El prestigio de la revolución rusa inspiro las primeros partidos comunistas y en el siglo XX influyeron creando sindicatos no organizados entre los trabajadores de la administración. Pero durante el gobierno de Ibañez todos los que se oponían a su gestión debían afrontar la cárcel o el exilio. ArgentinaCon el propósito de integrar económicamente el país e incrementar los niveles de producción para hacer frente a las crecientes demandas de productos primarios por parte de los países europeos, los gobiernos del período 1862 – 1880 debieron hacer frente a una serie de problemáticas tales como: la escasez de mano de obra para dichas actividades; la incorporación de nuevas tierras para la producción; la necesidad de infraestructura para facilitar la circulación de bienes y personas, y la vinculación de las distintas economías regionales; la solicitud de créditos y préstamos externos para financiar las bases del modelo económico implementado, entre otros aspectos. La estabilidad política y el crecimiento de la producción fueron dos de las consecuencias más importantes de la aplicación de tales medidas. Aspectos que caracterizaron el período posterior a 1880. Pero dicho crecimiento agrícola requería de un mayor número de trabajadores que Argentina no poseía. Ante esta problemática el Estado implementó programas para atraer a gran cantidad de inmigrantes. Entre 1870 y 1914 llegaron al país alrededor de seis millones de extranjeros, pero solo el 50% se radicó definitivamente en el país. Este inmigrante se encontró con distintas realidades en cuanto a la propiedad de la tierra, por ejemplo, en Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes recibieron tierras y subsidios logrando muchos de ellos transformarse en colonos agrícolas; en cambio, las tierras bonaerenses eran propiedad de grandes estancieros que no propiciaron la subdivisión de la tierra y la instalación de colonias agrícolas, aquí los inmigrantes fueron arrendatarios o peones de dichos latifundistas. El Estado representaba a este sector terrateniente exportador y a los intereses extranjeros ligados al modelo económico. A medida que los grupos medios, urbanos y rurales aumentaban su volumen se iban estructurando y expresando presiones sociales para una mayor participación en la actividad política. La influencia ideológica y cultural europea y el éxito del crecimiento hacia fuera fortalecieron la ideología liberal de los sectores gobernantes y la integración al mundo librecambista del “imperio británico”. Cuadro 4 Inmigración en Argentina
Fuente: I.N.D.E.C. Registro Estadístico. 1971. Adaptación. En Argentina, como se registra en el cuadro estadístico, los italianos constituían el grupo de inmigrantes más numerosos. Entre 1860 y 1900 representaron más de la mitad del total de inmigrantes, escoltados por los españoles, quienes en 1911 ampliaron notablemente su llegada al país. Esta afluencia masiva de inmigrantes desencadenó un aumento progresivo de la población argentina. La mayor parte de esta población se concentró en las ciudades debido a las dificultades para acceder a la propiedad de la tierra. La expansión de la economía agro-exportadora estimuló el incipiente desarrollo de actividades industriales, especialmente aquellas vinculadas a los productos exportables y el sector de servicios. Hacia fines del siglo, la población trabajadores se hallaba repartida por partes iguales entre las actividades agropecuarias, la industria, los servicios y trabajadores temporarios. La composición de la clase trabajadora contenía un amplio número de inmigrantes. Algunos de ellos habían adquirido experiencia política y habían desempeñado un papel activo en los movimientos obreros de sus países natales. Esto sumado a las pésimas condiciones de trabajo vigentes en Argentina y la falta de compromiso por parte del Estado para solucionar este aspecto, condujo a que muchos trabajadores buscaran medios para superar esta realidad. Los actos, las huelgas y manifestaciones resultaron ser esos medios de protesta, a los cuales el gobierno respondió con represión y violencia directa e indirecta, esta última bajo la forma de un aparato jurídico que garantizaba el “bienestar común”, como por ejemplo, la Ley de Residencia dictada en 1902 que expulsaba del país a todo extranjero considerado “agitador”, la Ley de Defensa social de 1910 o la implantación momentánea del estado de sitio en ciudades como Santa Fe donde los portuarios y trabajadores del ferrocarril se encontraban en huelga en 1904. Al sancionarse la primera, Roca en su discurso afirmó: “Emplearé todos los resortes y facultades que la constitución ha puesto en manos del poder ejecutivo nacional, para evitar, sofocar y reprimir cualquier tentativa contra la paz pública. En cualquier punto del territorio argentino en que se levante un brazo fratricida, o en que estalle un movimiento subversivo contra la autoridad constituida, allí estará todo el poder de la Nación para reprimirlo”.(2) En realidad el movimiento obrero más fuerte había surgido ya en Argentina en el decenio de 1880 bajo la influencia | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||